Suelto toda expectativa e ilusión que limita el camino de mi realización y fluyo libremente en el florecimiento de todo lo que soy.
Hoy me levanto con un nuevo estado de percepción: es como si algo dentro de mí hubiera encontrado su lugar y tomado toda su posición. Ese espacio no tiene límites como los definía antes; son movimientos de expansión que se entrelazan con la luz que me permito emanar.
Nunca se trató de buscar afuera lo que ya era, ni de cubrir lo que faltaba, sino de darme permiso de ser el flujo que siempre he sido, desde la eternidad de los tiempos.
Y cuando entiendes esto, algo dentro de ti cambia: dejas de buscar, dejas de sentir esa permanente escasez y de enfocarte en lo que falta. Es un escalón más en la eterna espiral ascendente en la que estamos inmersos.
En este punto, descubres que has encontrado el botón dentro de ti que te da acceso a todo el jardín;
esa combinación, esa acción, ese “algo» que tú mismo programaste para hallarlo solo cuando estuvieras preparado para sostener la magnitud de lo que eres y de lo que puedes llegar a ser al reconocerlo.
Ahora veo lo que antes solo intuía, detrás del dolor y del soltar aquella ilusión que jamás hubiera podido llegar a comprender. Detrás de dejar ir lo que creí ser, como una serpiente mudando su piel, desprendo la capa que me envolvía para permitirme sentir una nueva verdad.
Respiro profundamente y siento la magnitud del descubrimiento que estoy acompañando: el hallazgo de mí misma. Una inmensa gratitud recorre todo mi cuerpo; todas mis células escuchan el júbilo que se expande en mi interior, como un himno de la música que verdaderamente nos enciende.
La emanación de lo que uno es resulta mucho más sencilla porque no hay esfuerzo en ser: es la libertad de irradiar lo que somos en origen y en eternidad. Esto se me hace presente ahora, cuando ya he reconocido todas las pruebas que tuve que atravesar, todas las acciones que tuve que realizar y agradecer para recordar cada parte de mí.
Y una vez que esas partes fueron vistas, vividas y comprendidas, armaron lo que hoy se emana:
completan y configuran las palabras clave,
el código de seguridad que yo misma programé para acceder a este lugar
Tú eres el único propietario de tus actualizaciones. Nadie más puede hacerlo por ti; solo pueden acompañarte para ayudarte a catalizar y a llegar a verlo por tus propios medios. Yo tengo mi llave, y por fin la he reconocido con claridad.
Es como darme cuenta de que la clave está en confiar y dejar cada capa de piel atrás. Esta vez, siento que hay mas resistencia, porque estoy dando acceso a una parte de mí muy profunda, y la “clave de seguridad” ha de ser muy consistente para que yo misma consienta abrirla, por la envergadura de lo que contiene.
También percibo que, en este proceso evolutivo tan profundo que he atravesado, emanará en mí una nueva manera de comunicarme que me complementa a la actual. Se diluye la necesidad de “explicar” o “convencer” con el lenguaje, porque la presencia misma se convierte en el mensaje.
La coherencia entre lo que sentimos, pensamos, decimos y hacemos es tan plena que nuestra energía habla por nosotros. Es como si el campo que proyectamos fuera un espejo que refleja claridad, confianza, apertura y así se proyecta en quienes nos rodean.
Y te das cuenta de ello porque, tal vez, no haya palabra capaz de transmitir lo que estás siendo. Accedemos a un campo vibracional con las personas que encontramos, donde la comprensión fluye y donde menos, es más. Es recordar la forma de comunicarte desde el alma: un modo en el que no se reacciona, sino que se invita —sin juicio— a experimentar la parte más elevada, clara, armoniosa y luminosa de toda la experiencia en la que estamos envueltos.
Podríamos decir que se trata de una comunicación no sólo verbal del alma, donde el lenguaje es el silencio y el mensaje es la resonancia que generamos. Es una influencia que no se impone, sino que invita. Ahora estoy sintonizando esa manera en mi en la que hayan palabras o no, la intención que emana en el movimiento lo envuelve todo para la mayor realización y comprensión de la experiencia en este mundo que habitamos.
En la imagen simbólica de la serpiente, no “se quita” la piel porque la anterior estuviera mal o fuera inútil; lo hace porque ya no se ajusta a su crecimiento. Al expandirse, la piel vieja se vuelve rígida, incómoda y opaca. La renovación no es un acto superficial, sino una necesidad vital para seguir viva, flexible y conectada con su entorno.
Así también, yo elijo abrirme a una nueva versión de mí misma, más amplia y ligera, que me impulsa a avanzar hacia mi expansión. No hay posibilidad de vuelta atrás.
Este cambio nos invita a confiar en lo que se está emanando, incluso aunque aún no haya una comprensión total del proceso. Comprendo por primera vez y acepto que he sido yo misma quien, para acceder a lo más profundo de mí, establecí una “clave de seguridad” sólida, basada en límites claros, un amor propio firme y un pacto interno de exponerme de forma gradual. Reconozco que soltar lo viejo no es huir de lo que fui, sino honrarlo como parte del camino que me trajo hasta aquí.
La diferencia de este cambio respecto a otros que ya viví, es que ahora estoy abriendo la puerta a un nivel de autenticidad más radical. Es como si la piel que dejo no solo protegiera mi cuerpo, sino también capas emocionales, creencias y antiguas formas de relacionarme conmigo misma y con los demás.
Dejo atrás una manera de acceder a mi experiencia con el mundo, un lugar marcado por la confusión, la inseguridad y la escasez, y me traslado (en ascensión) a otro punto donde me relaciono desde una membrana más permeable y transparente a la verdad, más alineada con mi luz, que permite una conexión más nítida y genuina conmigo y por ende, con los demás.
La clave de seguridad: Mi propio consentimiento profundo para vivir desde esta nueva luz, siendo fiel a mí misma. Ese lugar donde no fallarme a mí es lo mas importante.
Vilassar de mar, 9 de Agosto de 2025
