Two wooden clothespins with red heart shapes, symbolizing love and romance, on a blurred background.

Los libros como refugio del alma

Lazos de Amor, de Brian Weiss.

En 2013, cuando mi padre falleció, sucumbí a un letargo profundo y a un recogimiento hacia mi interior que sería el preludio de un camino que me ha llevado a ser quien soy hoy.

Los recuerdos de quienes nos rodean y las experiencias que compartimos a lo largo de la vida nos hacen comprender que hay momentos cruciales. A veces, la intensidad de esos recuerdos nos empuja a seguir adelante, no tanto por aceptación, sino más bien como un intento de olvidar lo que está ocurriendo. Pero, si lo permitimos, pueden abrirse como puertas de transformación que nos conducen a una nueva línea de tiempo, distinta de aquella en la que nos movíamos.

Experiencias traumáticas, como la que viví con la muerte de mi padre, tienen la capacidad de empujarnos hacia una versión de nosotros mismos que jamás imaginamos. Una versión que nace, muchas veces, desde la resignación, desde el derrumbe de todo aquello que dábamos por hecho. En mi caso, me enfrenté a la finitud de lo que creía que era mi vida. Me vi caer, desmoronarme, tocar el fondo de mis certezas… solo para, desde ahí, volver a plantearme qué quería realmente que fuera mi vida.

A veces se me hace difícil explicar esa sensación, porque es en su misma sencillez donde reside lo revelador. La vida, con su magnitud, te recuerda una y otra vez que no eres tú quien controla el plan. Y, nuevamente, toca rendirse ante la experiencia —aunque duela, aunque no se entienda del todo—, por la crudeza del momento y por la dificultad de soltar a las personas, situaciones y versiones de uno mismo que ya cumplieron su ciclo.

¿Por qué nos cuesta tanto soltar esa versión de nosotros mismos que nos ha generado dolor o nos ha llevado al hastío?

Durante aquella temporada pasaba mucho tiempo en librerías, dejándome llevar por los títulos de los libros de autoayuda, por las contraportadas, por cualquier detalle que captara mi atención. A veces bastaba una palabra, una frase, una sensación, para sentarme en las escaleras, abrir el primer capítulo y sentir qué se movía dentro de mí.

Fue una época en la que lo mejor de la semana era ir los sábados por la tarde a rodearme de las historias que tantos escritores relataban. Un espacio profundamente acogedor, en el que, durante largas horas —y durante muchos meses— me sentí abrazada, querida y sostenida.

Uno de los libros que descubrí en ese entonces fue Lazos de Amor, de Brian Weiss. Lo he vuelto a leer este verano, y me ha acompañado como un viejo amigo que regresa en el momento preciso. En su día, este libro me cautivó, quizás por la fuerza de su mensaje, aunque no fui capaz de abrazarlo en toda su magnitud. Es esa sensación de percibir que algo es profundo, importante, transformador… pero que aún no tienes las herramientas internas para llegar al fondo. Así que lo dejas en pausa, en espera, sabiendo que un día volverás a él.

Y ese día llegó. Este verano, Lazos de Amor me acompañó poniendo palabras simples a experiencias del alma que yo solo intuía. Habla de las historias que todos albergamos a través de nuestras reencarnaciones, de los reencuentros que vivimos según los pactos que nuestra alma orquesta antes de volver a encarnar.

Leerlo ahora ha sido como abrir una puerta a la comprensión silenciosa de que todo tiene sentido. Me confirma la potencia de nuestras historias, y cómo los entrelazos invisibles entre vidas no son casuales, sino parte de un propósito mayor. Es como sentir, por fin, el hilo sutil de la causalidad que da sentido a la vida.

Eyeglasses resting on an open book, highlighting focus and depth of field.

Desde una mirada de autoindagación y liderazgo consciente, este libro es una herramienta poderosa. Nos abre a la humildad de reconocer que no lo sabemos todo, que hay misterios que no pueden resolverse desde la mente racional, y que nuestra alma tiene una sabiduría mayor guiándonos si nos atrevemos a escuchar.

También nos recuerda que el amor —en su forma más pura y esencial— es lo que da sentido a nuestras experiencias, lo que trasciende el sufrimiento y lo que nos reúne una y otra vez en distintos escenarios para aprender, sanar y recordar quiénes somos en verdad.

Tossa de Mar, 20 de Agosto de 2025

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *