Me encuentro con un reel de Instagram que dice:
«Nuestra vida es un reflejo de nuestro inconsciente, una manifestación de nuestras creencias. Por eso, el primer reto de la voluntad debería ser cultivar hábitos mentales sanos.»
Cada día que pasa —y con una rapidez que me sorprende— siento más claro que esta vida, tal y como la he vivido hasta ahora, ya no es para mí.
Si realmente viviera el «como si fuera abundante», me habría atrevido a explorar nuevos caminos de aprendizaje.
Si confiara de verdad en la vida, me lanzaría de cabeza a lo desconocido, porque ya no puede haber nada más aterrador que permanecer en esta eterna rueda de hámster: esa que entretiene, paraliza y nos impide mirar alrededor, ver con claridad, y dar valor a lo que realmente importa.
Todavía me visitan pensamientos que me cuestionan, y cuando aparecen, me reprocho no ir más rápido, no avanzar con más decisión…
A veces me siento como dando pasos de cangrejo.
¿Qué es lo que realmente importa para mí?
Me doy cuenta, y cada vez lo siento más desde el corazón: es lo más sencillo.
En esta última etapa he empezado a ver con claridad que todo es mucho más simple de lo que había creído… o de lo que imaginé que debía ser.
Hoy siento que el camino es hacia dentro.
Y ese camino no depende de nadie. Solo de una misma.
¿Por qué creemos que lo complicado es mejor?
Como si lo complejo o lo arduo tuviera más valor, más consistencia, más peso.
Somos víctimas de creencias arraigadas profundamente en nuestras familias, entornos y sociedades.
Corsés invisibles, idealizaciones, dogmas transmitidos de generación en generación.
Y ahí están, esas creencias limitantes que nos hacen pequeñas, que nos impiden ver más allá, que nos cortan las alas antes de que siquiera pensemos en volar.
Solo vemos la punta del iceberg.
Pero algo en nosotras presiente que hay más.
Solo necesitamos sembrar la duda.
La duda de lo que ni siquiera sabíamos que existía.
La duda de lo que el inconsciente aún no revela, pero que ya está ahí, esperando su momento para salir a la luz y ocupar su lugar.
Hacer espacio para lo impensado. Para lo nuevo. Para lo que nunca nos habíamos planteado como opción posible.
Ahora veo con claridad que la clave está en quedarme en lo sencillo.
En los pensamientos, en las acciones, en los vínculos, en cada gesto cotidiano.
Simplificar. Vivir con ligereza. Honrar la sencillez.
Esa, para mí, es la verdadera clave del éxito.
Barcelona, 30 de Agosto de 2023
