Amorosamente contundente

¿Puede el amor ser firme sin dejar de ser amor?

Cómo el poder de las palabras y las asociaciones con experiencias o sensaciones corporales que tenemos vinculadas a ellas pueden llevarnos a lugares inhóspitos y, al mismo tiempo, ser una oportunidad para liberarnos de algo que está enganchado: una energía densa que nos anula y nos hace pequeños. Algo que nos separa del estado de paz y unidad.

Cuando escuché estas palabras, “amorosamente contundente”, hace unos días gracias a @nur.alquimiafemenina, las anoté en mi libreta, que va a todas partes conmigo, siguiendo un impulso casi automático. Las escribí como un tesoro para poder recordarlas y darles atención en otro momento, como estoy haciendo ahora al escribir estas palabras.

Es como cuando ves o escuchas asociaciones de imágenes o de palabras que nunca antes habías pensado y que, al prestarles atención, sientes que pueden crear una nueva conexión nerviosa o energética. Más allá de la curiosidad y de la sensación de “uau… ¿esto es posible?”, me dejo llevar por la textura de esa idea como una llave de expansión de mi conciencia.

Lo primero que me surge es preguntarme: ¿cómo algo amoroso, tierno, dulce, relajado, tal vez rosa, puede ser contundente? Para mí lo contundente es pesado, duro, aplastante, algo que cae por el peso que lleva asociado.

¿Cómo se puede ser amorosamente contundente? Algo blando que aplasta… sencillamente necesitaba dar luz a los matices que había detrás de esa sensación casi corporal grabada en mí.

Me gustaría conectar con mi experiencia personal porque, para mí, amorosamente contundente lo puedo asociar a dureza. Y me doy cuenta de que también asocio la contundencia con la congelación y con quedarme muda. Tal vez porque la contundencia con la que a veces me hablaron en mi infancia, desde mi rango de interpretación, no fuera amorosa, sino rígida, implacable y arrasadora.

Así es como yo percibí la contundencia: como una prisión en la que solo puedes acatar y no expresarte desde la libertad. Cuando asocias la contundencia con quedarte mudo para salvarte, cuando lo que hay detrás de las palabras expresadas te aplasta y te anula. Por eso la contundencia la relaciono con maneras de vincularme con las personas con las que conviví y sentía que me querían, de niña o de no tan niña. Lo percibí como un lugar donde no había espacio para el otro, en este caso para mí. Como cuando expresarte con contundencia anula al otro, a aquel con quien te relacionas, como si no dejara espacio para el otro.

La diferencia entre la contundencia que cierra y la contundencia que abre

Tal vez por eso, cuando escuché la expresión amorosamente contundente, algo en mí se detuvo. Como si dos mundos que en mi experiencia nunca habían convivido aparecieran juntos en la misma frase. Porque en mi historia la contundencia no tenía nada de amorosa. La contundencia era peso, era dureza, era ese momento en el que algo cae con tanta fuerza que ya no hay espacio para responder.

Colorful fingers spread against a bright yellow backdrop, showcasing creativity.

La contundencia, tal y como la había sentido muchas veces, tenía que ver con quedarme muda. Con esa sensación de congelación interior que aparece cuando lo que llega es demasiado rígido, demasiado implacable. No era una claridad que abría, sino una forma de decir que cerraba la puerta a cualquier posibilidad de encuentro.

Quizá por eso mi cuerpo asocia la contundencia con la anulación. Con maneras de hablar o de posicionarse donde no había espacio para el otro. Formas de relación en las que la fuerza de lo que se decía parecía arrasar con todo lo demás, dejando solo un lugar posible: acatar y callar.

Y sin embargo, al escuchar esas dos palabras juntas, algo empezó a moverse dentro de mí. Como si apareciera una pregunta nueva.

¿Y si la contundencia no tiene que ser aplastante?
¿Y si pudiera existir una forma de claridad que no anula, que no congela, que no deja al otro sin voz?

Una contundencia que no nace del peso, ni del juicio ni del miedo. Nace de mi verdad, de mi realidad, la que siento y experimento con la intención de darle luz y claridad al ser habitada y/o expresada. Dar presencia a eso que me está ocurriendo, quedarme ahí sin huir, habitándolo, dándole un espacio para que pueda traspasarme. Y en ese tránsito ensancharme yo, ocupar más espacio dentro de mí misma, arraigándome a mi base y encontrando mi lugar con más presencia, amor, firmeza, suavidad… contundencia. Mi verdad.

Tal vez lo amorosamente contundente sea esa capacidad de sostener lo que es verdadero para uno mismo sin cerrar el espacio del otro. Una claridad que no aplasta, sino que ordena. Que no congela, sino que permite que algo se coloque en su sitio.

Una contundencia que, precisamente porque es amorosa, deja espacio para respirar.

También me doy cuenta de que, en el cruce de palabras “amorosamente contundente”, todavía cuando hablo del amor está presente una parte más romántica. Aunque, a la vez, se está abriendo espacio una manera de amar más amplia y más real, que abarca mucho más y que todo lo acoge, o que al menos está en el camino de poder llegar a sentir que todo lo acoge.

El movimiento lo estoy haciendo ahora mismo, cuando también me doy cuenta de la comprensión y del espacio que estoy creando en mi interior. La capacidad que ha surgido en mí de resiliencia, de perdón, de aprender a habitarme en mí misma, con la mirada puesta en mí y pudiendo empezar a apreciar una completitud: un “desde mí hacia mí”.

Rendición profunda. Realmente, cuando sientes que te rindes al flujo de la vida, cuando te desapegas de cualquier resultado. Cuando desde la reflexión del plano de la mente lo bajas al cuerpo y al corazón… te desprendes del resultado.

Ahí hay una tristeza profunda, que es la que estoy transitando en estos momentos… los miedos más profundos están ahí. El mío es la sensación de no haber sido elegida… mi gran herida: la de no ser vista.

Estos últimos días también se funde un movimiento con mi madre que, a través de estas palabras, albergo recordar. Una sensación de verme reflejada en ella desde una tranquilidad y una serenidad que nunca antes hubiera imaginado.

En un momento donde aflora una gran vulnerabilidad, siento el equilibrio entre dos energías: la de cuidar sin perderme y la de accionar sin arrastrar. Es una experiencia basada en mí misma, en la capacidad que tengo de verme, de sentirme, de honrarme y de equilibrar las dos energías que habitan en mí.

La relación con mi madre, en varios momentos de mi vida, fue compleja. Y he de admitir que muchas veces la viví con una necesidad muy fuerte de no parecerme a ella. Como si para ser yo misma tuviera que separarme, marcar distancia, incluso rechazar ciertas formas de ser o de actuar que asociaba con ella, juzgándolas.

Ahora siento que puedo reconocerla dentro de mí. Descubrir que ciertas cualidades que antes solo veía en ella —o que incluso me incomodaban— también forman parte de mi propia energía. Pero ahora tienen la oportunidad de expresarse de otra manera, filtradas por mi experiencia, por mi conciencia, por mi propio camino.

Es como darse cuenta de que aquellas cosas en las que siempre dije que nunca querría parecerme a mi madre, ahora, con la energía más esclarecida, se han disuelto. Y puedo comprender desde otro lugar esas energías, abriendo la posibilidad de escoger la manera en la que quiero continuar expresándome.

Es una sensación de abarcar desde una seguridad en mí misma en la que yo soy la prioridad. Y relacionándome desde ahí, acompaño la vulnerabilidad, la exigencia, la fragilidad. Les doy espacio sin perderme, sin esconderme, mirándolas de frente y, al mismo tiempo, accionando los diferentes caminos. Tal vez los nuevos que ahora estoy dispuesta a mirar y reconocer.

Este es un movimiento que está surgiendo desde un lugar nuevo, en el que la acción y la contención se armonizan, sintiendo la claridad, el discernimiento y la serenidad. Dejando que surja el movimiento desde lo fenomenológico: la intención de seguir el curso de la energía, sin forzar.

Escuchando… y desde ahí sintiendo el movimiento.

Sintiendo, por primera vez, un espacio de neutralidad.

Vilassar de mar, 14 de Marzo de 2026

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