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La vida se expresa a través de mi

El último día que fui a terapia con Nur me retó a hacer una lista de mis dones. Este ejercicio no es la primera vez que me lo piden o que yo misma me he propuesto hacerlo. Siempre me cuesta tanto hablar de las singularidades que hay en mí que incluso me he llegado a preguntar si hay alguna que destaque sobre las demás. Hacer una lista, en plural, ya me parece en sí mismo un reto.

Al compartir esta sensación que emerge habitualmente en mí, me proponen una perspectiva complementaria para ayudarme a realizar el ejercicio: hacer una lista de las diferentes formas en las que la vida se expresa a través de mí.

Así, empecé a escribir.

Cuando estoy alineada en mí, aparece una escucha profunda. Mi cuerpo se recoge en una serenidad interior que rebosa calma y da sosiego a quien se acerca. En este estado me doy cuenta de que lo más importante es no hacer nada, sino permanecer ahí, en una presencia amorosa conmigo misma que, a través de mí, también alcanza a los demás. Desde ese lugar, el encuentro se vuelve claro y lo real puede emerger con naturalidad.

Me considero una mujer profundamente empática, hasta el punto de que a veces puedo llegar a diluirme en el otro. Desde la Gestalt diríamos que tengo cierta tendencia a la confluencia: momentos en los que los límites entre el otro y yo se vuelven tan sutiles que me cuesta distinguir dónde termino yo y dónde empieza la otra persona.

Con el tiempo voy comprendiendo que esta forma de sentir, que a veces me hace perderme, también es una invitación a aprender a volver a mí, a habitar mis propios límites y a relacionarme sin dejar de estar presente en mí misma.

Me reconozco extremadamente sensible. A veces, cuando escucho a otras personas describirse como altamente sensibles, descubro que lo que cuentan no dista mucho de lo que yo misma percibo en mí. Sin embargo, durante muchos años intenté ocultar esa sensibilidad, como si fuera un pozo de lamentaciones, una limitación que me impedía enfrentarme a un mundo que sentía despiadado y cruel.

Hoy empiezo a mirarla de otra manera. Empiezo a reconocer que tal vez no era una debilidad, sino una joya. Una forma particular de estar en el mundo que me permite percibir con delicadeza toda una paleta de matices, de colores y de detalles de extrema belleza que quizás de otro modo pasarían desapercibidos.

Cuando estoy alineada, puedo percibir dinámicas invisibles. Tengo facilidad para percibir y sentir las dinámicas que se mueven en una organización o entre las personas. Cuando se lo expliqué a Nur, ella lo tradujo de una manera que me resonó mucho: percibir el campo y mover la energía. Al parecer, algo que para mí es bastante innato también puede aprenderse, y eso me hizo tomar más conciencia de que quizás ahí hay un don.

Me doy cuenta de que son rasgos tan integrados en mí que durante mucho tiempo no les presté atención como capacidades especiales. Tal vez porque he recorrido un largo camino de verme a mí misma. Ahora, con una apreciación más amorosa de quien soy, siento que llega el tiempo de que mi figura se esclarezca y deje espacio a quien siempre ha estado ahí.

Al escribir y releer todo esto, empiezo a darme cuenta de que muchas de estas cualidades quizá forman parte de algo más profundo: una sensibilidad especial para percibir lo que ocurre en las personas y en los espacios, y una tendencia natural a buscar sentido a lo que vivimos.

Cuando estoy alineada, ayudo a otros a encontrar sentido a lo que viven.

A menudo siento que puedo percibir lo que se mueve debajo de la superficie: emociones, tensiones, dinámicas que no siempre se dicen en voz alta. Y cuando logro poner palabras a eso, algo se ordena y se vuelve más claro.

También reconozco en mí una inclinación muy fuerte hacia la autoindagación. Me nace cuestionarme, mirar hacia dentro, tratar de comprender lo que vivo y lo que nos ocurre a los seres humanos. Y cuando escribo sobre ello, siento que esa experiencia personal puede convertirse en algo que también acompaña a otros en sus propios procesos.

En este camino también reconozco otras cualidades que me han sostenido a lo largo del tiempo: la perseverancia para seguir mirando incluso cuando no era cómodo hacerlo, la fortaleza para atravesar momentos de duda o de vulnerabilidad sin dejar de caminar, y una resiliencia que con los años me ha permitido transformar muchas experiencias en aprendizaje y en una comprensión más profunda de la vida.

Quizá otro de mis habilidades tenga que ver con eso: con la capacidad de traducir experiencias en conciencia. De transformar lo vivido en reflexión y en palabras que invitan a parar, a mirarse y a comprenderse un poco más.

Y también con la capacidad de ver el potencial de las personas más allá de lo que están mostrando en un momento concreto. Muchas veces puedo percibir lo que alguien podría llegar a desplegar incluso antes de que esa persona lo vea por sí misma.

Tal vez esta capacidad que veo en los demás es porque también la tengo en mi y ya va siendo hora de que me la crea yo.

Vilassar de mar, 16 de marzo de 2026

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