Se levanto un día mas claro. A veces no sabes porque, solo sientes que es así y que no hay vuelta atrás. Me llega a mis manos un poema de Mario Benedetti que dice asi:
Todavía
No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda,
y se calle el viento,
aún hay fuego en tu alma,
aún hay vida en tus sueños.
Porque la vida es tuya
y tuyo también el deseo
porque cada día es un comienzo nuevo
porque esta es la hora y el mejor momento
porque no estás solo,
porque yo te quiero.
Y lo conecto con el sentimiento que empiezo a sostener en mí: el de persistir, pero desde otro lugar.
No hay posibilidad de vuelta atrás, aunque la soledad, la tristeza y la falta de entendimiento inunden gran parte del día —y de los días.
Nunca antes hubiera imaginado que la travesía de mi existencia, en este momento, me llevaría a sentirme como en la pérdida de los 40 años de los israelitas.
Según la tradición bíblica, el pueblo de Israel pasó años vagando por el desierto tras salir de Egipto, antes de entrar en la Tierra Prometida.
Este relato, más allá de su valor histórico o religioso, puede leerse como una metáfora del viaje del alma hacia su despertar.
Estos últimos días pienso en ello.
Y también en aquello que nos hace continuar, incluso cuando no vemos con claridad el rumbo.
Sabemos, sin embargo, el olor que tiene ese destino, la dirección que vibra como un timón en el pecho.
Cuando el razonamiento se queda en blanco,
cuando la mente ya no tiene respuestas,
ahí estás tú,
debajo de todo,
moviéndote,
sintiendo el impulso que nace desde la autenticidad de tu ser,
marcando el próximo paso.
El camino, para mí, más sutil y a la vez más simple, es discernir ese movimiento genuino del otro que aparece más ruidoso, más grandilocuente, más habitual.
En nuestro interior todo tiene un proceso.
Es imposible cambiar de un día para otro.
Podemos poner una intención firme, sí, pero luego se despliega un viaje interno y externo de adaptación y transformación.
Puedes cambiarte de casa, de ciudad, de trabajo, pareciendo que dejas atrás las cadenas físicas…
pero lo profundo, lo verdaderamente transformador, es cambiar la mirada, la mentalidad,
para no repetir —allá donde vayas— la misma historia.
Este proceso, este caminar entre la vida que fue y la que quieres,
es un espacio intermedio de desapego, aprendizaje y reconfiguración interior.
Porque todo va de ti.
Y conforme vas apreciando más tu realidad,
y te das cuenta —y aceptas— tu responsabilidad en ella,
más comienza el cambio verdadero.
Tomar la responsabilidad de lo que queremos ser o hacer
es uno de los actos más profundos, más honestos, más transparentes hacia uno mismo…
y jamás lo hubiera imaginado así.
Y si no tuvieras ninguna obligación familiar detrás de la cual esconderte…
¿te permitirías hacer eso que realmente deseas?
¿Te permitirías ser eso que anhelas?
Si nuestra alma vive de la experimentación,
¿por qué insistimos en encajarla en una vida repetitiva,
más parecida a el “Día de la marmota” que a una creación viva “Comer, Rezar, Amar”?
- ¿Nos estamos escondiendo?
- ¿Estamos buscando mantenernos a salvo de no tomar acción?
- ¿De no hacernos responsables de lo que verdaderamente emerge en nosotros?
Sin dureza, pero con contundencia,
- ¿Estamos rehusando tomar el timón de nuestras vidas?
- ¿O simplemente no sabemos cómo hacerlo diferente?
- ¿Ni siquiera nos damos la oportunidad de imaginar la grandeza de lo que aún no vemos?
- ¿Nos hemos dado permiso para ello?
- ¿O ya estamos cómodos en esta burbuja?
Y si lo estamos, ¿es por elección auténtica?
Tal vez no se trate de hacer nada.
Tal vez se trate de ver la vida moverse a tu alrededor,
y desde ahí, dejar espacio a que surja el próximo paso:
orgánico, sutil, natural, firme, decidido, amoroso…
Arropando el movimiento.
Arropando a las personas.
Y, sobre todo, arropándote a ti.
Gracias por este instante.
Vilassar de mar, 6 de septiembre de 2025
