Close-up of a dandelion with seeds on a pink background, highlighting fragility and grace.

Una versión de mi

A veces, lo más doloroso que tendrás que dejar ir… es la antigua versión de ti misma.

.Leo esta frase en un reel de Instagram y siento cómo pone en palabras una sensación que hoy noto más que nunca.

Me he despertado un tanto aturdida, y antes de que la razón se interpusiera —antes de que aparecieran las posibles causas o justificaciones—, le he dado la bienvenida a esta sensación. Me he quedado ahí, respirando conmigo misma. En contemplación.

Cuando nos quedamos en contemplación, damos espacio para que surja lo que sea que está latiendo dentro. Permitimos que emerja la emoción o el movimiento que necesita liberarse. Es como si, en estos momentos de aturdimiento, fuéramos ollas exprés… y el cuerpo simplemente buscara una válvula para dejar salir esa presión acumulada.

A veces, quedarse en contemplación, respirar y permitir que emerja, que emane… es suficiente. Otras veces, el cuerpo pide movimiento físico como vía de expresión, como un puente hacia el contacto con nosotras mismas, para restablecer nuestro mapa energético.

Lo importante es respirar.

Escucharse

No cortar lo que venga.

Dejar que el siguiente movimiento surja desde la barriga,
sin ese “Pepito Grillo” apuntando desde las sombras,
como si estuviéramos en una obra de teatro.

Tenemos la oportunidad de elegir desde dónde queremos vivir:
desde una presencia que se percata de sí misma y de lo que la rodea,
o desde la inercia de nuestros discursos adormecidos.

Es momento de elegir.

Hoy reconozco el aire de melancolía que habita en mí.
Suenan los tambores de mi eco.
Cuando llevas más de media vida actuando, siendo y moviéndote de una manera determinada, y de pronto te das cuenta de que tienes la oportunidad —y el deseo— de hacerlo diferente, aparecen los ecos de la versión que fuiste durante tantos años. Esa persona que, creyendo saber quién era, promovía una seguridad aparente frente a la vida.

Y ahora… estoy justo en el extremo opuesto.
Lanzándome. Confiando.
Observando qué otras partes de mí se activan, se reorganizan, se ponen en marcha para dar el próximo paso.

Sin prisas.
Sin expectativas.

Como si el histórico de quien fui hubiera cambiado de línea,
ya no estoy en la trayectoria predecible del siguiente paso.

Estoy en una hoja casi en blanco.

Sintiendo en el cuerpo la capacidad de tomar las riendas de lo que quiero ser
y de cómo quiero serlo

Es, al mismo tiempo, una sensación de pérdida de identidad —ese eco que intenta llamar mi atención, atraparme en la incertidumbre— y también la posibilidad de recordar, de redibujar y repintar partes de mí para construir un nuevo camino, sin expectativas, sin control, sin ataduras.

Solo presencia.

Es como si, en este instante, mi alma dijera:

gracias–gracias–gracias
y yo continúo, conmigo misma.

Vilassar de mar, 28 de Agosto de 2025

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *